sábado, julio 07, 2007

Siete consejos para escribir cuentos de quien sólo ha escrito siete cuentos IV



Espero no haber sonado demasiado esotérica con el consejo anterior, nada que ver. Se trata sólo de la magia de la creación que va desde el orgasmo ilimitado que junta un óvulo a su amante espermatozoide hasta la alegría tontísima de quien termina de escribir un post. Ese momento sublime que tiene que ver con voces y drogas de nuestro propio cuerpo. Pero de lo sublime, pasemos a lo terreno: el cuarto consejo es el desmoronamiento.

4.- Fracasa.

Un triunfo por cada mil fracasos. Quien quiera escribir habrá de caer mil veces en las garras del fracaso. Perder. Abandonar. Tirar los viejos escritos en las aguas pastosas del Manzanares cumanés. O el Orinoco soberbio. O el Nilo con sus mosquitos. O el mar que llaman río, turbio y rojo, allá en Buenos Aires. O en las más próximas aguas, cuales quiera que sean. Dejar que la corriente se lleve todo y traiga aguas nuevas. Levantarse, las rodillas raspadas de la caída, las manos sucias, y seguir. Seguir a toda costa y a pesar de todos. ¿Acaso Rulfo y García Márquez ganaron todos los concursos en los que participaron? Cuenta la leyenda autocompasiva que va de boca en boca entre los perdedores profesionales de competencias literarias que tanto el mexicano como el colombiano perdieron sendos concursos. Entonces ¿por qué uno no va a perder? Yo agradezco haber perdido un concurso hace mil años, agradezco haber estado a punto de recibir una mención y al final no recibirla, agradezco haber sido rechazada de talleres literarios de prestigio porque eso me hizo llorar infinitamente sobre mis cuenticos hasta borrarlos del papel y la memoria. Quemarlos. Abandonar: no sirvo para esto, me dije, no escribo más ... No vuelvo a las letras que duelen como una catástrofe.... para darme cuenta tiempo después que más duele no escribir. ¿Qué hubiese sido de mí sí mis primeros torpes escritos hubiesen sido aceptados por los dioses literarios? Lo mejor fue fracasar y borrar todo aquello, para entonces retomar con más fuerza, con más rabia, con hambre. La piel curtida a fuerza de caídas. No sé, una especie de “Karate Kid” literario o cualquiera de esas películas en las que un bueno-para-nada se transforma en un héroe a fuerza de coñazos: razón tenía Swatzeneger que lo que no mata, fortalece. Aquel poema de Rafael Cadenas es un himno.

2 comentarios:

Lisset dijo...

Amiga!!! No sabia nada de esta blog ni del premio que ganaste...Felicitaciones! Enhorabuena! Me alegra que hayan reconocio tu talento. Cuando voy a tener el placer de leer tus cuentos? (tu talento esta en escribi, el mi en leer). Me causo muchisima gracia imaginar a tu hermana haciendose pasar por ti, y a tu mama respondiendo preguntas de periodistas (que hablar dicho! que hablar dicho!). Muchos besos y disculpa la falta de acentos...

pachamama dijo...

gracias lisset!!!!!!