lunes, febrero 07, 2011

Vamos con retraso


El conductor dijo que íbamos con retraso.
Un pasajero de corbata asintió enérgicamente.
Pero el muchacho etíope sonrió y dijo que su amigo esperaba en la parada de autobuses del pueblo vecino, que él debía guardarle el puesto, que por favor.
Sonó tan educado, tan dócil, que incluso el señor de corbata dejó a un lado su impaciencia, suspiró y se dedico a mirar por la ventana como quien dice "she ihié", cuya traducción literal sería "que sea", pero que más exactamente es como decir: "que sea lo que dios quiera". Un abandonarse a los acontecimientos. Un encogerse de hombros. Ya iba a llegar tarde de todas maneras.
La camioneta van llena de pasajeros siguió rumbo al siguiente pueblo, a esa estación donde otro chico etiope estaría esperándonos. Su compañero le guardaba un puesto. Nadie se opuso, después de todo el pueblo estaba en la vía, no suponía ni siquiera un desvío. El único problema era que el conductor no podría recoger otro pasajero en el camino, pues el puesto estaba reservado.
Luego de una carretera llena de curvas, cipreses y naranjales, llegamos a la entrada del pueblo. En la parada de autobuses no estaba el muchacho. El que le guardaba el puesto dijo que lo veía venir, que estaba del otro lado de la calle, que lo esperáramos. El conductor y todos los pasajeros dirigimos la mirada al punto que el muchacho señalaba pero no lo vimos: sólo a un par de ancianos con un perro cruzando la calle, unas adolescentes y un soldado.
- Allí no está – dijo el conductor.
-Sí, sí – dijo el muchacho – ya está cruzando la calle, ya está viniendo.
- Yo no veo a nadie – dijo el pasajero de la corbata, enfurecido.
-No lo puedo esperar – dijo el conductor – ya vamos con demasiado retraso.
- Por mí – dijo una mujer gorda que estaba sentada a mi lado – no hay problema en esperarlo. Incluso tal vez me puedo bajar a fumarme un cigarro.
- De aquí nadie se baja – gritó el conductor.
- ¿Qué es esto? ¿Una dictadura? – gritó la gorda.
- Te parece justo que tengamos que esperar también a que te fumes ese cigarro- chilló el pasajero de la corbata.
- Acaso uno no se puede fumar un cigarro mientras estamos aquí detenidos- la gorda ya había sacado una caja de cigarros y un encendedor- ¿Acaso no estamos ya detenidos? Yo lo que necesito es un minuto …
Mientras la camioneta van era un grito en sí misma, tapándose con el respaldar del asiento de enfrente, el chico etiope hablaba en su idioma por teléfono. No hace falta saber amhárico para traducir que le reclamaba al otro el hecho de no haber llegado a la parada a tiempo.
- ¿Qué pasa? – le gritó el conductor, mirándolo a través del espejo retrovisor.
- No ha salido de la casa – dijo el chico etiope y yo recordé que un minuto antes había dicho que lo veía venir, que estaba cruzando la calle - pero tal vez lo podemos esperar, son sólo 5 minutos.
El pasajero de la corbata bufó con fuerza. La gorda guardó la caja de cigarros.
- Yo no espero a nadie – concluyó el conductor y continuamos el viaje.

2 comentarios:

Ana Rosa López de Cárdenas dijo...

Tantas galaxias distintas incrustadas en un solo planeta. Aquí, en Alemania, el conductor del tranvía te cierra la puerta en las narices sin importar la minucia del retraso.
Saludos,
Ana Rosa

ww dijo...

Ah, como extranio el monit shirut. Una aventura antes de llegar.
Besos