martes, enero 22, 2008

Juegos


Puede que se trate de un mal familiar, pensé al asomarme por enésima vez al cuarto de mi niña para pedirle que dejara de mover las manos y jugar-cantar. Ya deja de jugar y duérmete – le dije. Ella respondió que no estaba jugando, que sólo estaba mirando sus juguetes. Entonces supe que así sigue jugando telepáticamente, en su mente. Mira los juguetes desde una esquina de su camita rosa y sigue jugando porque no le hace falta tocarlos. Una vez, hace tal vez un año o más, me contó que en la guardería le habían prohibido dormir con su muñeca. A mi el corazón se me estrujó sonoramente y le dije que ya iba a hablar con la maestra, que cómo era posible, que qué vaina, que uno paga tanta plata para que al final se comporten como un orfanato de película mala, etcétera. Mi niña me miró sin entender, tenía dos años y medio en esos días, pero igual me consoló: no te preocupes mamá, no tengo muñeca, pero tengo mis manos. Entonces recordé que sus manos tienen vida y nombres propios, que están dispuestas a infinitos juegos, son niños y son pájaros, le cuentan historias que yo no puedo oír.

Nadie puede imaginar la felicidad infinita que sentí al saber que mi hija dormía sin muñeca, pero con sus manos.

Los juegos de los niños no son juegos, eso seguramente ya lo han observado muchos. Nada más serio que un niño jugando.

A mi bebé no le hace falta nada mientras juega, ni siquiera hambre le da, a pesar de que es glotón. Suele meter jugueticos chiquitos en cajas, gavetas y también en las guitarras de su papá. Así, puede estar mucho tiempo y entonces no necesita comer, ni que le cambien el pañal. No me necesita. El juego es su primera independencia.

El juego es independencia y adicción a un mismo tiempo. Nada más adictivo que el juego.

Hace miles de años perdí siglos jugando Los Sims en la computadora. No necesitaba comer ni fumar. No iba al baño ni atendía llamadas. Jugaba. Jugaba. Jugaba. Esa era mi independencia de la realidad. También parte de mi indecencia.

De adultos queremos seguir jugando. Yo, por ejemplo, tengo mi juego en la literatura. Abandoné Los Sims y me interné en los recovecos de la memoria y la manía de llenar pantallas brillantes con letras, imágenes, respiraciones, chasquidos, existencias.

Igual que mi hija, tengo mis manos.

Como mi bebé, soy autosuficiente.

El problema es que de adultos nos restringen (o nos restringimos) el juego.

2 comentarios:

Dakmar H. de Allueva dijo...

Qué belleza de post. Wow, me hiciste recordar como se me estrujó el corazón cuando tuvimos que empezar a esconder un mono de peluche que Sebastián quería llevarse a todas partes, incluyendo el preescolar.
Ante el riesgo de la pérdida, Sebas se adelantó y lo salvaguardó en casa de su abuela, por lo que te imaginarás que de ahí en adelante todos los cambios son negociados y anunciados a las partes, por nimios que parezcan, jaja.
Ahora el mono regresa a nuestra casa convertido en compañero potencial de Andrea... para absoluta felicidad de mi hijito, claro. Qué inteligentes son los niños, sin duda.
Besos y besos a tus chiquititos.

pachamama dijo...

Qué lindo que el mono sea ahora para Andrea! Y ahora que vas a tener dos niños, doble negociación!!Un beso y gracias por leerme!!