
Debe ser parte de esa “educación” de comerse todo lo que tienes en el plato porque en África o aquí mismito hay niños que se mueren de hambre, debe ser por eso que uno también tiene que leer cualquier libro que comienza y no se atreve a dejarlo por la mitad, aunque el caso lo amerite. No obstante hay casos que borran años de cantaletas maternas a la hora de comer: cuando una abuela nos presentaba un plato de vísceras, no había educación que valiera. Así, hay libros como platos de vísceras que nos atrevemos a dejar por la mitad o al primer bocado, sintiéndonos culpables, claro (porque a uno le gusta leer/comer bastante, ¿no?). En estos días me puse a pensar en qué libros he dejado por la mitad o no he podido pasar de las primeras páginas. Muy pocos, ya he dicho que soy “educadita” y tiendo a terminar todo lo que comienzo (si,si,si...jajaja), pero últimamente la falta de tiempo que perder me ha hecho abandonar mis principios y dejar algunos libros por la mitad. El primero que recuerdo haber abandonado fue
Nocturno de Chile de Bolaño. Sí, sí, mi querido Bolaño no es infalible. Y miren que he leído varios de este señor y lo tengo en un alta estima, no me cuento entre sus envidiosos detractores que lo odian no más porque se ha vuelto autor de culto y estoy segura que no han pasado de dos novelas de él. Yo, en cambio, lo adoro, lo he leído con gusto, soy su defensora a capa y espada, he leído casi todo lo de él (menos esos inventos póstumos). Pero
Nocturno de Chile me aburrió mortalmente. Si
Amberes es una novelita rara y medio fastidiosa, nada que ver con el monólogo ladilla de
Nocturno de Chile. Me dolió dejar este libro, confieso, pero lo dejé porque a estas alturas de mi vida no tengo tiempo para perder y hace años que me atrevo a dejar comida en el plato (hay que cuidar la línea...) Pero bueno, lo dejé con dolor, pensando que tal vez se ponía mejor luego y que me lo iba a perder, etcétera. El segundo libro que recuerdo haber dejado a medias no me dio tanta lástima:
La virgen de los sicarios de Fernando Vallejo. Al parecer a los colombianos les ha dado por las novelas de sicarios, esto lo leí en alguna parte, pero no recuerdo dónde …. Del realismo mágico al sicariato…. Y Fernando Vallejo no ha podido escapar a esta consigna ni aún nacionalizándose mexicano. La novela es un compendio de lugares comunes y de esa necesidad de “escandalizar al burgués” que luego me enteré caracteriza al autor. Narra la relación sadomasoquista y homosexual entre un viejo gay y un niño sicario que está buenísimo y que es malísimo con el pobre señor. ¿Donde vi o leí esto antes? Gran parte de la literatura y la cinematografía gay gira en torno a este tópico. Es decir: nada nuevo bajo el sol. Pero bueno, ya decía Borges que todas las historias ya han sido escritas, esto no es lo que me aburrió. Me aburrió la violencia, el escándalo, pero sobre todo que se sintiera lo forzado de ese escándalo, algo así como que el narrador dijera “asómbrense, oficinistas, amas de casa, profesorcitos de literatura” Cuando Montero Glez arma a Charolito, ese gitano arrabalero que es el protagonista de
Sed de Champán no lo hizo tan forzadamente escandaloso. Yo, por mi parte, disfruté de su arrabaléz (si se puede decir así) y su bajofondismo en cada línea. Pero no es de cómo abordar lo escandaloso en la literatura de lo que estoy hablando, sino de los libros que abandonamos, que no soportamos y nos damos el lujo de dejar por la mitad.
El tercer libro que recuerdo haber dejado por la mitad fue
Tokio Blues (Norwegian Woods) de Haruki Murakami. Aunque lo comencé muy entusiasmada y escuché la cancioncita de los Beatles varias veces, debo confesar que me pareció un plomo. Lentísimo. Redundantísimo. Me alegró saber que yo no era la única que pensaba lo mismo sobre esta novela de este autor tan de moda. Pero algún día la retomaré, porque según cuentan en este
post, al final se pone buena.
El abandono de libros tal vez tiene que ver también con que los libros que leo casi todos no los he comprado. Son de una biblioteca estupenda como la de Alejandría. Tal vez si tuviera que pagar por los libros (mas allá de la suscripción anual), me daría más dolor no terminarlos. No sé. Lo cierto es que, aun cuando a uno le gusta comer, hay platos imposibles.
¿Qué libros has abandonado tú?