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domingo, noviembre 25, 2007

En el futuro será peor


"Y sí me siento parte de una generación; de una generación que no adquirió su amor por las historias, por los libros y por contar cuentos, sólo leyendo o sólo estudiando autores famosos de aquí y de allá o de dónde sea. Yo decidí escribir mis propios relatos después de ver miles de horas de televisión, de haber leído toneladas de suplementos, de haber dibujado resmas enteras de papel bond, de haber jugado Pac-Man hasta el cansancio, de haber llenado álbumes y álbumes de barajitas, de haber pasado horas en el cine, de haber sufrido humillaciones indecibles en mi país, de haberme aburrido de lo lindo leyendo los cuentos y novelas que propone el programa de bachillerato venezolano, de haber oído horas y horas de Radio Difusora Venezuela, de haber aprendido a manejar a los 28 años y de haber soñado durante siglos con tener un Javelin y una escopeta.
Lo que quiero decir es que, a partir de mi generación, escribir un cuento no es lo que era antes porque en el correr de estos años se han puesto a circular miles de artefactos y de recursos que han cambiado la forma de percibir la narrativa de nuestra propia vida, lo que, a su vez, ha cambiado nuestra forma de estudiar nuestro propio pasado y el pasado en general de la humanidad. Quien lea lo que escriben los miembros de esta generación pensando en patrones viejos, está jodido. Y les advierto que en el futuro será peor… "
Roberto Echeto, en una entrevista.

lunes, octubre 29, 2007

Todas las vocaciones, menos una, crecen.


"Porque si se lo piensa un poco, no hay decisión más infantil que la de ser escritor: una decisión que –salvo contadas excepciones- siempre se toma cuando se es niño; porque sólo entonces se cuenta con la cantidad suficiente de locura para afrontar semejante desafío y vocación. Una decisión tan irreal como la de querer ser astronauta o héroe de la Legión Extranjera (me pregunto si habrá profesión más cercana y extranjera a la del legionario o la del astronauta que la del escritor, siempre en órbita y fuera del mundo y sospechando que no será nada sencillo volver a casa) y que se produce siempre en un momento de exquisita y extrema y ficticia irracionalidad. Keiko Kai: decidimos ser escritores cuando sabemos que ya no podemos ser ninguna otra cosa. Cuando terminamos de leer ese libro de literatura infantil que nos afectará todas las edades que vendrán. Cuando –si, todo escritor de literatura surge siempre de la sombra de un escritor de literatura infantil- nos descubrimos mutantes sin cura ni remedio. Entonces somos pequeños lectores y nos decimos que queremos ser grandes escritores y se lo anunciamos a nuestros padres y nuestros padres nos miran con horror, preguntándose qué salió mal y de dónde salimos nosotros. La formación de un escritor lleva implícita la deformación de tantas otras profesiones y así nos descubrimos hijos huérfanos de un primer impulso que se produce en la infancia, en la edad mas freak de todas las edades, durante ese breve y largo tiempo en que cambiamos un poco todos los días y todas las noches por el sólo placer de sabernos únicos y elegidos y malditos y comprendiendo que ya no creceremos nunca y que, por ser escritores, seremos niños y seremos infantiles hasta el último día de nuestras vidas.

Todas las vocaciones, menos una, crecen."
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Rodrigo Fresán en Jardines de Kensington, santa biblia.