viernes, septiembre 23, 2011

El abecedario del estío: E de E.

Hay imágenes de E. que no me dejan dormir en las noches.

La mayoría de sus imágenes son bellas, pero me refiero por supuesto a dos o tres imágenes tristes para mí. No hablaré de todas aquí, sólo de la última de este verano: Ella siendo arrastrada por la corriente de aquel río. Su cabecita en el agua, entre kayaks que pasaban a toda velocidad, su mirada angustiada. Sus ojos clavados en mí y yo corriendo con los brazos estirados en un súmmum del patetismo y la desesperación.

Los padres estamos todo el tiempo coleccionando imágenes felices de nuestros hijos, miles y miles de fotos y películas. Las imágenes tristes no hace falta que nadie las atesore: se quedan grabadas a la perfección en nuestros recuerdos y suelen volver sin que nadie las llame.

Hace algunos días, mientras lavaba los platos, me vino la imagen de esa mirada de niña siendo arrastrada por las aguas. Entonces abandoné todo a medio lavar y fui corriendo a verla. Estaba en su cuarto cociendo vestidos para sus muñecas. Me preguntó si me gustaban y si por fin le enseñaría a poner botones.

Busqué botones y me senté junto a ella para enseñarle.

E. está todo el tiempo haciendo cosas maravillosas. A principios de este verano hizo un títere que dejó impresionados a todos. Nadie le dijo cómo hacerlo. Las demás niñas quisieron que les hiciera uno a cada una. Así, mi bella E. pasó gran parte del verano haciendo títeres con paletas de helado, servilletas, cartones, hilos.

Quiero que sus manos cociendo, pintando, armando títeres me borren aquella mirada de niña siendo arrastrada por las aguas pero sé que es imposible. Volverá a mí como vuelven todas las culpas.



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